En esta etapa los adolescentes se encuentran con gran cantidad de cambios a nivel físico, sociales y psicológicos. Se distancia cada vez más del núcleo familiar y se incrementa la importancia con la relación entre iguales.

Los problemas que se pueden encontrar son:

Adicciones.

Es habitual que en esta etapa comiencen a explorar y buscar nuevas sensaciones. En estas edades no valoran las consecuencias de sus acciones, ya que viven en el aquí y ahora. Por esa ausencia de consecuencias pueden comenzar a desarrollar una adicción ya bien sea con sustancias como el alcohol, drogas, videojuegos, teléfono móvil…

Las señales de alarma que podemos encontrar es cuando observamos que el adolescente deja de hacer las cosas que antes le gustaban, deja de salir con los amigos, empeora el rendimiento en la escuela y en casa… En definitiva, cambia su día a día por pasar más tiempo o intentar conseguir la causa que está desarrollando esa adicción.

Ansiedad, miedos y fobias.

La ansiedad está en el día a día y en cierta medida es adaptativa ya que nos ayuda a estar alerta. El problema es cuando la ansiedad ya no ayuda a concentrarnos y ser más efectivos y por el contrario, las sensaciones de nerviosismo, excesiva preocupación, intranquilidad… controlan nuestro día a día.

Puede ser que la ansiedad aparezca ante ciertas situaciones que siempre son las mismas, en ese caso hablaríamos de miedos o fobias. Estas situaciones pueden ser hablar en público, salir fuera de casa, quedar con amigos, ir al colegio…

Conducta perturbadora (se porta mal, pega, no respeta a nadie…)

Esta etapa se caracteriza por que dejan de hacer caso a los padres, por lo tanto, cambian el comportamiento que tenían cuando eran niños. El grupo de iguales es cada vez más importante y la influencia que tiene sobre ellos es mayor. Todo esto hace que su comportamiento cambie y no hagan caso como antes.

Esto empieza a ser problemático cuando la transgresión de las normas cada vez es mayor y no respetan la autoridad. Es importante tener estas cosas en cuenta ya que esto comportamientos suelen ir en aumento y es importante que se acuda a un profesional cuanto antes.

Trastornos de la alimentación.

Con la adolescencia también cobra gran importancia el aspecto físico. Ya sea por la exposición de los medios, el seguir las modas, el pertenecer o la presión del grupo de iguales… Hacen que se preocupen por su imagen y aspecto físico. Empiezan a cuidar lo que comen, se apuntan al gimnasio, por lo tanto, empiezan a dedicar más horas al cuidado de su imagen.

Cuando se observa que el adolescente tiene restricciones excesivas con ciertos alimentos, no desayuna, pasa más horas haciendo ejercicio que el que deberían, vomita, se da atracones y luego va al baño… podría estar desarrollando uno de estos trastornos.

Es importante tener en cuenta que no tiene porque a ver una excesiva bajada de peso, hay personas que pueden tener trastornos de alimentación y tener sobrepeso.

Por otro lado, si se intenta hablar con estas personas pueden negar que tengan un problema porque no son conscientes de lo que les está pasando. Es importante que cuando tengamos estas señales de alarma se acuda a un profesional, porque cuanto más tiempo pase mas probabilidad hay que se llegue a cronificar dicho problema.

Trastornos del estado del ánimo.

Esta etapa se caracteriza por los cambios de humor y las reacciones excesivas ante ciertas situaciones del día a día. Sin embargo, los padres no se tienen que preocupar por estas situaciones, siempre y cuando respondan igual que los demás compañeros o amigos de su edad.

Si se observa que estos cambios de humor son cada vez más frecuentes o se empieza encierra en la habitación. Estos provocan cambios en su día a día, hay conflictos donde antes no los había, el rendimiento en la escuela ha empeorado, su rutina de sueño y alimentación no es el mismo… con estas señales probablemente se esté en un caso del trastorno del ánimo, que está causando gran malestar al adolescente y a su entorno.

Trastornos por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDA/TDAH).

Normalmente se suele diagnosticar en la infancia, pero hay veces que no se detecta o la intervención no ha sido la adecuada. Hay veces que durante la infancia no ha tenido problemas con los estudios en la escuela debido a que con la poca atención que pudiera prestar sabía realizar las cosas. El problema comienza cuando la dificultad en los estudios aumenta y necesitamos dedicar más tiempo y no se llegan a concentrar.

También, hay casos que durante la infancia se piensa que ya aprenderá a controlar esos impulsos y esos nerviosismo y persiste hasta la adolescencia.

Es importante trabajar con ellos y con las familias para dotar de estrategias adecuadas a la hora de enfrentarse a los retos del día a día.

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